PEDRO BERRUECOS TÉLLEZ
Hombre y creador de instituciones
1917 - 1987

Nació por allá, lejos del centro de la vieja ciudad, en el pueblo de Tacubaya. Y fue así, como en un fresco día de invierno se inició una vida plena de bondad desbordante y de verdad. La calle de Patriotismo, entre Progreso y Martí, no era plana, ni ancha, ni como ahora, tan llena de pavimento, como privada de la sombra de los árboles. Estaba empedrada y sobre un terraplén elevado en su parte central, se deslizaban con mansedumbre los trenes de mulitas frente a la casa familiar, que después de haber iniciado su aventura desde el viejo México, recorrían llanos, maizales y riachuelos y pasaban por Belén e Indianilla, por el Hospital General, recién fundado por el General Díaz, por la Calzada de la Piedad y luego por Tacubaya y Mixcoac, hasta el pueblo de San Angel.

Fue en Tacubaya en donde se desarrollaron gran parte de los hechos que marcaron su vida. Ahí nació y vivió de pequeño, ahí empezó sus estudios, en el ya casi centenario Colegio Luz Saviñón y ahí volvió después de haber emigrado como citadino y como estudiante, para fincar el corazón de su obra.

Su adolescencia estuvo ligada al Colegio de la Perpetua y al Francés Morelos, en la vieja calle del mismo nombre cerca de la Ciudadela y después, los largos años de la carrera de Medicina lo vieron ir y venir en tranvía, de Tacubaya al impresionante Palacio de la Inquisición, antigua Escuela y hoy, soberbio Palacio de Medicina.

Pedro Berruecos Téllez vivió intensa y profundamente. La ciudad lo conoció en las calles de Ramón Guzmán, Anáhuac y Monclova; después, en la vieja casona de la colonia Juárez en la que alentó, con un espejo frontal de tamaño infantil, las ilusiones de prolongación de su quehacer médico.

Tuvo muchos hijos. Quiso tenerlos. Buscó con ellos la posibilidad de perpetuarse y de mantener vivo un apellido que frágilmente dependía de él y dio lo mejor de sí mismo como esposo, como padre, como médico y como maestro.

Fue todo un hombre, con las virtudes y los defectos de todos aquellos que no son ilusos o hipócritas habitantes de utopías celestiales. Las primeras, han trascendido tiempos y espacios y han quedado marcadas en la parte de la historia que le corresponde; sus defectos, ampliamente explotados por quienes sin éxito, han intentado minimizar las hondas consecuencias de sus acciones, sólo fueron el complemento del verdadero perfil humano que le fue consubstancial.

Trabajó intensa e incansablemente y dejó huella, lo mismo en el Manicomio General de la Castañeda y en la Cruz Roja, que en el Leprocomio de Zoquiapan, en el Hospital Español y en el Hospital Colonia.

Fue el pionero de la Audiología y la Foniatría en México y en los países de habla hispana y tuvo el valor de rectificar caminos y dejar la otorrinolaringología para abrir brecha con el IMAL, primera institución privada en su género en América Latina. Después, fundó el Instituto Nacional de Audiología, cuando en 1953 recibió el encargo oficial y fue su primer Director. Después, en Venezuela, extendió las ramas de su árbol y fundó el IVAL, al que habrían de seguir muchas otras instituciones, trascendiendo fronteras a todo lo largo y ancho de América Latina.

Pedro Berruecos Téllez fue profesor universitario de pre y posgrado en la Facultad de Medicina y de graduados en la Facultad de Odontología y fundó la cátedra de Psicoacústica en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Pero además de su labor universitaria inició los Cursos Interamericanos del IMAL para formar médicos, pedagogos y técnicos que pudieran hacer frente a los problemas de comunicación lingüística en América Latina, con una profunda visión que convertida en semilla fecunda, ha dado frutos entonces inimaginables.

Enseñó a estudiar, enseñó a aprender y enseñó a buscar la verdad -que es más camino que encuentro- a sabiendas de que todas las verdades son provisionales. Luchó en esa batalla que permite aclarar dudas, comentar las certezas pasajeras e intercambiar emociones, para evitar correr el riesgo de transformar a la ignorancia en una ciencia exacta.

Pedro Berruecos Téllez fue pionero. Marchó en avanzada, abrió brechas, trazó avenidas y amplió horizontes. Su rigidez, fantástica y fulgurante pero dulcemente mezclada con sus valores humanos y con su bondad, fue lo mismo rasgo fundamental de su carácter que una necesidad de su tiempo y de su espacio.

Intercambió ideas y voló con su imaginación, con su esfuerzo y con sus actos. Imaginó grupos e instituciones y sembró cotidianamente, con la seguridad de saber que por más grandes que fueran los méritos o las contribuciones de sus seguidores o alumnos, jamás sobrepasarían los de todos juntos.

Es por eso que la necesidad de compartir conocimientos, experiencias y emociones, hacen que su perfil y su genio, no sean sólo la manifestación de una larga paciencia, sino también de una larga conciencia.

Dr. Pedro Berruecos V.

"Qué es el IMAL"